Compartir… ¿es vivir?

El bueno de Mauro ha colocado un gran tablón de madera para comunicar su ventana a la de su vecina de enfrente atravesando el patio. A priori, nadie lo entendía pero todo son ventajas. Puede entrar en su casa para lo que se le antoje sin necesidad de incordiarla. Le divierte entrar en su propio hogar sin la certeza de saber si tendrá o no compañía. Toda la vecindad ha sucumbido ya a su idea. Desde la última planta observa un entramado de maderas cruzando el patio. Hay quien ha colocado dos o tres maderos por ventana, incluso sacado una mesa y sillas para sentarse a tomar una cerveza. Ante la necesidad de penetrar en la intimidad de las casas de otros pisos se han atornillado varias escaleras metálicas que comunican la ventana del cuarto con la del tercero y la del tercero con la del segundo por la pared opuesta, y así sucesivamente, siendo necesario transitar por todos los tableros para alcanzar el piso bajo.

Ayer por la tarde, Mauro se encontró en su casa al vecino del bajo sentado en su sofá con sus amigos, viendo una película de Tarantino de aquellas que tan bien tiene clasificadas sobre su estantería. No es que le caiga mal ese hombre, pero tenía la intención de ver con su vecina de enfrente, por primera vez, esa película, cuyo final ahora conoce. Habrá que ser condescendiente, pensó, ya que en otra ocasión Mauro entró en casa de este vecino inoportuno y se hinchó a comer unas sabrosas galletas que guardaba en la cocina. Saciado, se acomodó en una de sus camas y repentinamente le entró sopor. Al rato una chica lo despertó. La prima del anfitrión se había mudado allí aquella noche. Algo sorprendida, le dijo: —hola—, ya se conocían de cruzarse en el patio. Le hizo un sitio en la cama, por supuesto, no iba con él acaparar sin compartir.

Amanece un día soleado, Mauro no ha dormido bien por culpa de unos ronquidos espantosos procedentes del patio. Aunque no es eso lo que ocupa su mente. Ha vuelto a soñar con ella. Sí, me refiero a la prima de Amancio el del bajo. Con regocijo se dispone a dar una vuelta por el patio y sincerarse con ella. Puede que el muy ingenuo se haya enamorado. Desciende al tercero donde “Marcelino” se halla jugando a funambulistas con una vara larga. Un piso más abajo se topa con una barricada. La señora del segundo ha resuelto sacar todo su trastero al patio. El escaso espacio de acceso al interior de su vivienda no invita a entrar plácidamente. En la primera planta, sus pies aterrizan sobre un cuerpo movedizo y a continuación escucha un quejido. Un individuo amodorrado se encuentra en el interior de un saco de dormir con la cremallera totalmente cerrada. Hacinados en casa, han de agotar cualquier recurso. Descubre por fin de dónde provenía el estrepitoso resuello de esa noche. Sus pies alcanzan los peldaños de la escalera metálica que desciende al bajo. Por encima suyo escucha un alboroto, una vara larga lo despeina al caer por el patio, el funambulista perdió el equilibrio y se precipitó al piso de abajo. Navegando torpemente entre los trastos de Micaela, desencadena una lluvia de cacharros. Una cacerola golpea a Mauro en la cabeza y éste, indolente, se apresura introduciéndose con destreza por la ventana. Saluda cortésmente a su vecino que se encuentra repantingado en el sofá, detrás de una mesa de centro que soporta las migajas de lo que se intuye fue un desayuno suculento. Atraviesa el salón y se dirige a la habitación de la bella muchacha que aún yace en la cama y junto a ella un hombre.

—Hola, qué sorpresa no te esperaba por aquí —dice ella con serenidad obviando lo violento de la situación. La cara de Mauro es un poema.

—Venía a decirte algo pero no creo que sea buena idea. Tal vez, si supiese quién es la persona que duerme contigo me ayudaría a decidirme —le insinúa atribulado.

— Eso da igual, ¿qué tienes que decirme? —pregunta ella amablemente.

—Me gustaría que vivieras en el cuarto piso, conmigo. Te quiero sólo para mí —emocionado, se declara a ella.

—No es necesario que viva contigo para seguir viéndonos. Me tienes cuando quieras —responde con desenfado y esboza una sonrisa.

—No me has entendido, te estoy hablando de compromiso —continúa Mauro, sentimental y contrariado.

—Claro que te he entendido pero —se gira hacia la persona que duerme en su cama— él también me quiere. ¿Acaso no estamos ya viviendo todos juntos?

Consternado permanece absorto unos instantes ante la voz de atención de la chica por él ignorada. Todo aquello se le ha ido de las manos. Quizá un brote severo de carcoma solucione el problema. Reanuda firme la marcha por el pasillo, esfumándose de allí por la puerta de salida.

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30 responses to this post.

  1. Relaciones cruzadas….relaciones complicadas…la vida misma….Besos

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  2. Posted by Mercedes Molinero on junio 19, 2011 at 8:35 pm

    ¡Aquí no hay quien viva!
    Maraña de tablones, vidas, accesorios, hombres, mujeres, sacos de dormir.
    Caótico, pero gracioso. ¿Podríamos imaginar una vida de ese modo?
    Un abrazo

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  3. Es un 13 Rue del Percebe en versión patio. Muy simpático.

    Pobre Mauro, mira que enamorarse… Una desgracia como otra cualquiera. Claro, que podría haber sido peor. Así, al menos, superará el duelo, y a otra cosa. 😀

    Saludos.

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  4. La vida a veces es un hostel …, buen relato…, hasta podría tener más derivaciones…, esas donde la realidad supera a la ficción…, más capítulos¡¡¡
    Abrazos

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  5. Posted by weienell on junio 20, 2011 at 7:38 am

    Menuda locura, yo acabaría completamente desequilibrada mentalmente hablando, amén de que me sería imposible por lo reservada que soy con mi intimidad y mis posesiones. De todas formas, fantástico relato. Muchos besazos mi niño.

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    • Esto no lo aguanta ni tú ni nadie. Es como bien dices una locura. La fantasía a menudo cruza la línea de la locura y a mí me gusta fantasear con mi “locura”. Otra cosa es practicar ese mismo deporte sin considerar que sea fantasía entonces estaríamos hablando ya de que, lo que te pasa, no lo-cura ni un milagro. 🙂 Besos!

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  6. Perdonad lectores míos 🙂 pero he añadido unas líneas finales y cambiado el título a este relato. Espero que resulte mejor así.

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  7. Como llego tarde, no me ha dado tiempo a ver los cambios, ¡pero tal cual está, he pasado un rato muy divertido!
    ¡Hay que ver como se le ha escapado de las manos el invento a Mauro!!
    Oye, ¡pero que personaje más maquiavélico!, jeje, le imagino infectando los tablones de carcomas, sin importarle quién se rompa primero el cuello!!
    Eres un crac, ¿no te lo había dicho?
    🙄 ¿o sí?
    No sé, no recuerdo… pero gracias por estos momentitos tan buenos 😛

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    • Posted by Charles on junio 21, 2011 at 10:39 pm

      Qué agradecida eres con tus comentarios. Escribo este tipo de relatos en parte por leer tus comentarios tan especiales. Gracias a ti Emy Tecuento
      Bss

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  8. ¡Ah, no te he dicho nada del título!
    ¡¡También tiene su guasa!! Jeje, puedo compartir lo que yo decida, pero lo de tu escrito es una invasión en toda regla!!
    Lo que me lleva a pensar, que si nos invadieran los alienígenas o quienes quieran que fuesen, la supervivencia nos llevaría a querer exterminarlos… ¡¡eso mismo es lo que planea con las carcomas!! jeje
    Besotes de buenas noches 😉

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    • Posted by Charles on junio 21, 2011 at 10:48 pm

      Sí, desnucándolos a todos cayendo al patio por las maderas medio huecas hasta que eso parezca una fosa común. No por dios, peace and love!!
      Kisses

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  9. Yo no podría vivir así… ¡la casa de los líos!. Lo de la carcoma es una idea genial, mas…que se olvíde de la chica. ¡No se puede ser tradicional! Si la quieres tendrás que compartir…
    Un abrazo.

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    • Posted by Charles on junio 21, 2011 at 10:53 pm

      Buff… por ahí no paso. Eso se lo dejamos a las parejas liberales que existen por ahí. Pocas, pero haberlas haylas.

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  10. A mí esta situación, aparte de caótica, me parecería, de llevarse a la práctica, infernal. Soy extrovertida y me encanta la gente, pero, como todos, necesito mi parcela.

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    • Posted by Charles on junio 21, 2011 at 10:56 pm

      Tu tranquila que tu parcela no la invade nadie, de momento los tablones que estamos colocando hasta allí no llegan. 😀 Aunque nos vamos a plantear la posibilidad de colocarlos entre bloques… nunca se sabe.
      Bss

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  11. Vidas cruzadas…inquietante! Por los relatos de Carver y porque de los vecinos, hay que saber lo justo…y de las vecinas menos, que se desvanece el misterio!
    Un abrazo,
    PS. qué es lo de 13 rue del Percebe?

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    • Posted by Charles on junio 21, 2011 at 10:59 pm

      Era la parte de atrás de la portada de un comic de antaño en la que aparecía el interior de un edificio entero convertido en viñetas interrelacionadas que contaban situaciones disparatadas. 😉
      Abrazos

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  12. Dificil disyuntiva. Hay que tener las ideas muy claras para aceptar algo así. Besos azules
    Ana

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  13. Esto es surrealismo puro y duro, propio de una película de Buñuel. Excelente, me ha gustado mucho.
    Besos. Raf

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  14. Posted by Daniel Arranz on junio 29, 2011 at 6:40 am

    Me ha gustado mucho el relato, es una idea muy original.
    Creo, como comentan, que puede dar mucho de sí, esperaremos la siguiente entrega?!

    Besitos

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  15. Posted by Mercedes Molinero on julio 3, 2011 at 2:59 pm

    El cambio del final y el título, me parecen más rotundos.
    Un abrazo

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  16. Uhm.. a mi me gusta la intimidad, la soledad, y… creo que compartir solo lo que decido compartir. Y el amor… el amor compartido pierde intensidad.. ¿no?

    Buen relato imaginado que nos ha puesto a pensar.

    Besos. 🙂

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  17. Posted by Jim on julio 19, 2011 at 8:07 pm

    Curioso que más de una vez he soñado con eso!!!! Con los tablones por el patio comunicándose unas ventanas con otras, y con sus mesas, y sus sillas. Aunque, creo, que nunca llegué tan lejos en ninguno de mis sueños. Muy bueno!!

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  18. Posted by Charles on julio 25, 2011 at 2:59 pm

    Muchas gracias a todos por vuestros comentarios, Azul, Pericles, Daniel, Mother, Inspiración and Jim. Thanks a lot!!

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  19. Jejeje…Cuando las expectativas son elevadas, ocurre con demasiada frecuencia que no se cumplen las esperanzas que las dibujan y en cambio Doña Decepción perfila el resultado. En fin… c’est la vie.
    Besosssssss artista!

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